Etiquetas

, , , , ,

Recuerdo una época cuando era niño, tal vez unos 6 años, o tal vez 8, incluso podría decir 10, no lo recuerdo muy bien, siempre he sido malo con las fechas, lo que si recuerdo es la repetición de una palabra constantemente, Everest. Incesantemente traía en mi mente aquella montaña, no estoy muy seguro del porqué, solo sé que era una fascinación por aquella la montaña más grande del mundo. Recuerdo que consumía ávidamente cualquier información acerca de ella, mapas, información, lo que cayera en mis manos, que a decir, era poco, en aquellos tiempos previos al Internet y a la masificación de la información era complicado conseguir algo fuera de los medios comunes, que eran revistas y libros.

Monte Everest

Monte Everest

Imaginaba aquellos cortos relatos, escasos párrafos de aventureros escalando grandes montañas, como algo fuera de este mundo, prácticamente no había diferencia entre viaje al centro de la tierra de Julio Verne con la crónica de Carlos Carsorio ascendiendo el Everest. Tanto así, en mi mente subir una montaña eran tan imposible como ir al espacio, en mi mente infantil, hacer cima en una montaña siempre nevada requeriría una expedición titánica, semanas de planeación y ejecución, equipo muy caro y especializado, y bueno, conforme fui creciendo me di cuenta que no es tanto así, y que a la vez, sí que tenía razón, depende la montaña.

Para mi, las expediciones eran poco menos que ir a la Luna

De niño veía las expediciones y para mí eran poco menos que ir a la Luna de complicadas

Desde el techo de mi casa, se veían las dos grandes montañas prominentes de la ciudad de México, el Iztaccíhuatl y Popocatépetl, en ese entonces cubiertas con sus características “Nieves Perpetuas”, lo que se les decía que eran en ese entonces sus glaciares, realmente pocos se hubieran imaginado que algo llamado Cambio climático estuviera tan cerca de ocurrir, derritiendo y descubriendo el suelo de aquellos volcanes (Tanto es así que en la más reciente medición del Iztaccíhuatl nos revelo que se derritió un aproximado de entre 60 y 80 metros de nieve del glaciar de la panza, y ya no digamos la destrucción del cráter del Popo a manos de sus propias erupciones) así como al sur una cadena montañosa y al oeste la montaña más grande de la ciudad, el volcán Ajusco, de niño soñaba con ver la nieve de cerca (todavía es uno de mis sueños) de aquellos colosos que alcanzaba a ver, tristemente nunca me llevaron, y yo en mis fantasías infantiles, simplemente los veía tan lejos como escalar el Everest

Xochimilco e Izta Foto INAH 1991

Así se veían siempre los volcanes cuando era niño
Xochimilco e Izta Foto INAH 1991

Cholula, Puebla, México 1966

Cholula, Puebla, México 1966

Paisaje común antes del Calentamiento Global

Paisaje común antes del Calentamiento Global

La Nieve y como se veía todo el año

La Nieve y como se veía todo el año

Me considero malo en geografía, aun por mucho que me guste, aun así y sin dejarme desanimar, he pasado horas viendo mapas, viendo rutas, viendo carreteras, todo esto por varios años, muchas veces descubriendo cosas increíbles o de las que no tenia idea (y cuando llego google maps, uff!!). Cuando tuve mayor conciencia y capacidad, dirigí mi mente y esfuerzos a recorrer las montañas de mi ciudad, tanto como podía y los medios me lo permitían, el ímpetu de la juventud y su jovialidad, hicieron que ese impulso por salir fuera posible, aun así, siempre me sentí limitado, la escasez monetaria hacia poco posible acudir a los grandes macizos montañosos, la escasa experiencia de terreno se hacía evidente (todavía recuerdo haber quedado con los pies tan dañados por usar calzado inadecuado y muy suelto, que no pude caminar al día siguiente) y la nula preparación hacía fuerza para complicarlo todo. Sin persona conocida alguna que pudiera guiarme, ni remotamente había alguien que tuviera conocimiento de lo que yo quería hacer, en mi círculo había nadie que tan siquiera conociera a algún montañista o aventurero que hubiera explorado las montañas cercanas y/o lejanas, y sin redes sociales a dónde acudir, sin libros en la biblioteca local, el panorama se veía difícil, solo podía encontrar escasos mapas técnicos del terreno de la ciudad, y ya, era con lo que se podía contar, aun así, con esa escasa información pude ver lugares próximos que podía visitar cercanas a mi zona. Calderas volcánicas invadidas por la enorme ciudad, en lugares poco recomendables para visitar debido a su localización en las zonas marginales de la ciudad, me hacían dudar el acudir yo solo. Haciendo recuento de todo esto, la misión era poco más que difícil, y claro, contemos que mis intereses principales eran otros y fueron cambiando conforme fui creciendo, el asunto del montañismo quedo guardando polvo en alguna parte de mi mente.

Después de varios después años de aquellos pequeños ascensos y senderismos, llego a mi vida otra actividad de riesgo, el motociclismo (No se que fijación tengo con los deportes de alto riesgo jaja), esta actividad me acerco a muchas otras metas que tenía, la posibilidad de salir más lejos y más rápido y más barato de lo que nunca imagine poder hacer, la motocicleta es sin duda un gran triunfo tecnológico del hombre, y yo planeo (Y lo he estado haciendo) aprovecharlo para mis fines. Esto perfectamente comprobado cuando se me antojo ir a comer a Acapulco, fuimos y regresamos el mismo día (quieres leer aquella anécdota, AQUÍ).

Era cuestión de tiempo para que me volviera a picar el insecto del Outdoor, y así ocurrió, desempolve esas memorias de montaña y poco a poco fui investigando como hacerlo, el Internet es sin duda es uno de los picos cumbres de nuestra civilización, su acceso y la cantidad de información disponible es impresionante (como es impresionante la cantidad de gatos que hay en él 😺), ahora sí tenía material para trabajar y levar mi imaginación a limites insospechados anteriormente, rutas, mapas, mapas en 3D, etc. Todo lo que se pueda necesitar, lentamente y para mi sorpresa vi que no era necesaria tanta parafernalia como había imaginado para ascender a los volcanes más prominentes de México, mayúscula fue mi sorpresa al darme cuenta de esto, había estado cegado, podía ascender casi tan fácilmente a alguna montaña mayor que como si hubiera ido a uno de los cerros que subí hace ya una década, claro, los riesgos son mayores, el esfuerzo para hacerlo es más grande, las implicaciones son mayores, el reto es mayor, se necesitan más cosas, pero vamos!, no es como planear una expedición para subir el K2, no necesito preparar meses una expedición, y contar con miles de dólares, no!, eso me dejo impactado por un tiempo. Pasó un par de meses en que alimente esas ganas, pero seguía postergándolo, el tiempo se escurría dentro de mis manos, esos meses se convirtieron en un par de años, hasta que finalmente lo decidí. No voy a dejar pasar más tiempo, el pequeño YO dentro de mí lo pedía, el espíritu de niño sigue vivo dentro de mi, “-¡Sube!, ¡tú puedes!, es nuestro sueño hacerlo”-. No me voy a decepcionar a mi mismo.

Cuento ahora con los medios de movilidad, la disposición y la posibilidad de hacerlo, así que es hora de iniciar, el pasado Diciembre nos Dirigimos con mi novia “N” a nuestro primer objetivo, el Nevado de Toluca, no para ascender, sé que debo ganar resistencia, mejorar condición de salud, adquirir experiencia, e ir poco a poco, pero el objetivo se mantiene, puede tardar un poco, pero ahora más que en toda mi vida lo siento a tiro de piedra, no es algo inalcanzable como siempre lo pensé, así que paso a paso, que comience el ascenso.

Ascenso

Ascenso

Primera Meta 4400 msnm

Primera Meta 4400 msnm

Aclimatandonos a la Alta Montaña

Aclimatandonos a la Alta Montaña

El Sendero que espere tanto...

El Sendero que espere tanto…